ANÁLISIS: FREEDOM PLANET

 

 

El triunfo de los fans

Creo que muchos de los que estáis leyendo esto conoceréis, para bien o para mal, la saga de Cincuenta Sombras de Grey, y os estaréis preguntando: ¿a cuento de qué saca este tío esta infamia de la literatura? Pues a que quizás no todos sepáis que esta exitosa franquicia de novelas nació de un FanFiction de Crepúsculo, otra infame saga en forma de papel inicialmente y luego llevada al celuloide. El origen de Freedom Planet no se aleja demasiado, y es que lo que inicialmente estaba pensado como un FanGame de Sonic donde incluso aparecería el Dr. Robotnik, acabó evolucionando a través de sus influencias hasta convertirse en una IP completamente nueva, y afortunadamente, más satisfactoria (aunque no tan cómica) que la prosa de E. L. James.

 

Sin miedo a la evidencia

Freedom Planet nos sitúa en un mundo que recibe la visita forzosa de un personaje llamado Brevon de procedencia extraterrestre. Brevon elimina al rey de Shuigang y captura a su hijo manipulándolo mentalmente, con la intención de conseguir una valiosa piedra que podría suministrar la energía suficiente a su nave y huir de las fuerzas que lo persiguen. Entre tanto, Lilac y Carol (las principales protagonistas de la aventura), se verán envueltas en este conflicto cuando ayudan a un misterioso personaje llamado Torque, quien está siendo perseguido por las fuerzas de Brevon. Durante la aventura otro personaje llamado Milla se unirá y completará el grupo que se enfrentará a Brevon y luchará por impedir que se lleven la piedra y destruyan el planeta.

El juego cuenta con un argumento que no se aleja de convencionalismos, pese a que incluso tratándose de un título de plataformas 2D incluye muchas escenas de diálogos y secuencias donde se trata de desarrollar la historia, la relación de los personajes, y sirven como nexo entre niveles y contextualización de estos. No hay nada sorprendente, pero es de agradecer que hayan hecho un esfuerzo por intentar darle fondo y elaborarlo con voces incluidas. Además al jugar podremos elegir entre el modo con escenas y otro donde saltaremos de fase en fase sin cinemáticas, y así agilizar el desarrollo con un estilo más clásico.

Sin embargo Freedom Planet nunca pretende ser un juego cuyas virtudes se hallen en sus palabras sino en su jugabilidad. El título es un digno sucesor espiritual no solo de los clásicos de Sonic en la consola de 16 bits que le dio la fama, sino también de las grandes obras que produjeron en la misma época desarrolladoras como la reputada Treasure con títulos como Gunstar Heroes o Dynamite Headdy por mencionar dos de los más conocidos. Galaxy Trail no se preocupa en enmascarar estas influencias (e incluso el propio nombre Freedom Planet es una obvia referencia a “Planet Freedom”, el nombre del mundo donde se desarrolla la película de animación de Sonic de 1996), y sin titubearse hacen de estas las principales virtudes para dotar al juego de todos los rasgos y atributos que consagraron a los juegos del erizo azul y todos los demás títulos de la era 16 bits que marcaron a muchos de nuestra generación.

 

Dominando viejas costumbres

Como dije antes, Freedom Planet es un título de plataformas 2D de scroll lateral repleto de aventura y acción. Podremos elegir en la aventura principal entre varios personajes distintos, siendo las principales elecciones Lilac la dragona, y Carol la gata salvaje motorizada. Cada una de ellas tendrá que moverse a través de una serie de niveles derrotando enemigos, buscando la forma de avanzar entre obstáculos y laberínticos parajes en los que a veces la salida no es tan evidente, y donde tendremos en ocasiones que activar interruptores para proseguir. Dependiendo de a quien elijas habrá algunos niveles exclusivos durante el desarrollo del juego, habilidades únicas y escenas independientes para cada personaje.

La clave de que Freedom Planet resulte tan satisfactorio se basa en lo acertadísimo en cuanto a su diseño. Los controles para los personajes son excelentes, con un buen surtido de movimientos con los que atacar o ganar velocidad e impulso para movernos en intrincados escenarios repletos de secretos, carriles donde correr a toda prisa, saltos, trampas, power-ups y muchos otros elementos que enriquecen la experiencia y la jugabilidad en cada fase. Los escenarios son de hecho uno de los puntos álgidos del juego, con pantallas largas y cargadas de momentos que aportan enorme variedad al conjunto, desde rocas que nos persiguen a puntos donde tendremos que ir contra reloj para no morir, e incluso secuencias especiales que se alejan del propio estilo general del juego, como cabalgar a lomos de un dragón y disparar como si de un Shoot ‘em up se tratase.

Sus inspiraciones en los títulos de Treasure se hacen más patentes aún en los combates contra los jefes finales de nivel, alguno con sprites de proporciones considerablemente grandes y surtidos de ataques que nos obligará a poner en práctica las clásicas artes de aprender patrones, buscar puntos débiles y confiar en nuestra habilidad. La dificultad, sobre todo en estas batallas, será mayor a medida que avancemos, con unos actos finales que pueden llegar a ser verdaderos quebraderos de cabeza, y un in-crescendo en la cantidad de enemigos que nos asaltarán durante las fases convencionales.

Las peleas contra jefes finales deparan algunos de los momentos más intensos

Sin embargo no todo el atractivo radica en lo jugable, ya que la parte audiovisual no le va a la zaga en sus inspiraciones de 16 bits, con diseños reminiscentes de dicha era en todos los aspectos, incluidas animaciones fluidas en los personajes y enemigos, efecto scroll parallax en los fondos, estilos coloridos en todos los diseños y escenarios, efectos de sonido perfectamente conjuntados con el estilo general del juego, y una banda sonora cargada de temas que no habrían desentonado para nada en ninguno de los juegos en los que se inspira Freedom Planet: pegadizos y memorables que aportan un extra de carisma al conjunto global que conforma el juego.

La trama no es nada especial, aunque cuenta con momentos interesantes

El tributo de quienes fueron niños una vez

Con todo ello, Freedom Planet es un juego que sacrifica su propia personalidad y cualquier atisbo de originalidad como precio a pagar por abrazar sin complejos sus evidentes inspiraciones, pero en el proceso nos entrega un juego de una gran calidad en la mayoría de propuestas que ofrece, siendo el único pero reseñable, aparte de lo comentado inicialmente en este párrafo, un argumento que no deja de ser nada más que funcional y esquemático ante muchas historias de corte similar, pero donde reside el verdadero núcleo de Freedom Planet se encuentra en su plano jugable, clásico, dinámico, repleto de acción, dificultad progresiva y muchos retos a lo largo de sus intrincados escenarios, y un apartado audiovisual que a los más nostálgicos les encantará sin espantar a nuevos jugadores. Lo que empezó siendo un juego dedicado a uno de los mayores iconos de la historia de los videojuegos acabó ganándose su propio nombre, y ahora con Galaxy Trail trabajando en una secuela donde han prometido abrir un mayor espacio entre sus inspiraciones y la identidad propia que quieren que adquiera la saga, será el momento ideal de ver si Freedom Planet puede trascender más allá de ser una  carta de amor de parte de los que un día fueron jugadores de una de las generaciones más trascendentales de los videojuegos.

nota 4

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