ANÁLISIS: ROCKET LEAGUE

 

El partido del siglo

Es impresionante lo radical que puede llegar a ser el mercado de videojuegos, y el juego de Psyonix es uno de los ejemplos más claros de ello. Cuando lanzaron allá por 2008 el videojuego exclusivo de PS3 “Supersonic Acrobatic Rocket-Powered Battle-Cars”, el impacto fue ínfimo en comparación con el fenómeno que despertó la bestia que vería la luz 7 años más tarde: Rocket League. Un juego que emula el concepto de aquel SARPBC (hasta el acrónimo es un coñazo de escribir ^^) y para el que afortunadamente eligieron un nombre comercial más fácil de recordar. Uno de los multijugadores más en moda desde el pasado año, y lo que le queda por delante.

Una segunda oportunidad

Cuando hablamos de que Rocket League se prácticamente una secuela de SARPBC, podríamos incluso ir más allá y hablar de un remake o una puesta al día del juego de 2008. Rocket League coge toda la base jugable, e incluso mantiene normas, movimientos, y muchos otros aspectos de aquel primer juego para este sucesor, y se centran en ofrecer una experiencia multijugador tanto local como por red adictiva y satisfactoria, sacrificando cualquier añadido que pudiera resultar atractivo para un solo jugador contra la IA o en forma de desafíos, etc. Esto es algo que debe quedar claro de entrada: Rocket League no es un juego para jugar solo contra el propio juego, es para jugar con gente contra gente, si no, pierde todo el sentido, y los propios desarrolladores de Psyonix debieron pensarlo así viendo el resultado.

En el juego, nuestro objetivo será controlar uno de los vehículos con propulsión turbo para golpear la pelota y marcar en la portería contraria. Es básicamente fútbol… con coches. Es una de esas ideas que suenan a estupidez y siguen siendo una estupidez incluso puestas en práctica, pero que con un buen hacer en su mecánica, controles y diversas opciones, funciona. Esa es la clave del éxito de Rocket League (al menos parcialmente y en lo que a nivel de juego se refiere, comercialmente es otra historia), una propuesta simple, clara y sencilla, con un control en consonancia, fácil de manejar, pero difícil de dominar. Conducir, usar el turbo o saltar es sencillo, pero controlar los vuelos, las volteretas laterales, la coordinación con otros miembros del equipos… requiere un dominio que solo horas de práctica pueden subsanar.

El título es adictivo como pocos. Los partidos tienen una duración de 5 minutos con una prórroga indefinida cuando se dan empates. Cuando el contador se pone a cero y empieza el partido todo es posible, desde colgarte con tu coche por las paredes e incluso recorrer unos metros boca abajo sobre el techo, e incluso reventar el vehículo de los rivales desentendiéndote del balón y del partido, todo vale, no hay riesgo de tarjeta roja. Aun así, aunque hacer el cabra sea divertido, la clave es la cooperación con los otros miembros del equipo, poder coordinarte para realizar jugadas ensayadas o simplemente aprovechar un rebote de otro jugador para lanzar ese ataque matador que os de la victoria.

El trabajo en equipo es clave

Rocket League sabe cómo hacer sentir al jugador una pieza clave del partido y que contribuye a la victoria (o derrota) del equipo. Durante el transcurso de un encuentro, hay múltiples movimientos que nos otorgarán puntos, desde marcar goles, asistir a estos, realizar paradones que salven a tu equipo de un gol, o movimientos más rutinarios como despejar y centrar balones, toques de bicicleta, golpes aéreos… Al final del partido todos los puntos otorgados por estos movimientos y por el resultado del partido se sumarán a un contador de experiencia que nos hará subir de niveles y obtener premios en forma de skins y complementos para nuestros vehículos. El nivel de personalización de los vehículos es bastante bueno, con distintos modelos de coches (que no tienen efecto en cómo se maneja el coche durante la partida), pinturas, vinilos, y complementos como banderas, “sombreros”, ruedas, humos… Además se van añadiendo nuevas skins que ganar a medida que jugamos y que Psyonix introduce en actualizaciones, con lo que la variedad no para de aumentar.

Algo en lo que Psyonix ha acertado de pleno es en hacer que los nuevos modos de juego y escenarios que van introduciendo a lo largo de este tiempo y desde que el título se publicase, sean gratuitos, y que el contenido de pago consista en nuevos modelos de vehículos sin efecto en el desarrollo del juego. Esto ha propiciado a que la comunidad se mantuviera unida y que no se fragmentase, y pudiésemos jugar en igualdad de condiciones. Además es muy reseñable su apuesta por el cross-play entre consolas y PC, unificando jugadores de distintos sistemas, una práctica que debería ser norma hoy en día, ya que beneficiaría a los propios juegos y las compañías al poder reunir un mayor número de jugadores y mantener con vida el juego on-line durante mucho más tiempo, pero que por desgracia sigue siendo más una excepción que una norma. Por fortuna, el éxito de Rocket League puede ser el impulso que necesita la industria para replantearse estas posibilidades.

Centrándonos de nuevo en Rocket League, el título hoy en día cuenta con un buen surtido de escenarios, que en su lanzamiento era algo justo, y además han propiciado a la existencia de diseños más arriesgados como el del pack de Rocket Labs, estadios nada convencionales que ofrecen partidos excéntricos y más caóticos si cabe, aunque debido a su propia naturaleza se han quedado fuera de los partidos por ranking. Este es un punto a destacar, pues en Rocket League podemos jugar amistosos que pueden ir desde un 1 vs 1 hasta 4 vs 4, pero luego tenemos los partidos clasificatorios donde se puede disputar desde 1 vs 1 hasta 3 vs 3, y que tiene su propio sistema de clasificación muy en consonancia a lo que podemos ver en juegos como CS:GO. Además de todo esto, hay modos de juego alternativos, como partidos de hockey o de baloncesto, o enfrentamientos con power-ups pensados para hacer la puñeta al rival que aportan un plus de variedad al conjunto, y cada poco tiempo se van sumando más opciones. Por último comentar la posibilidad de poder crear partidas privadas donde podremos modificar numerosas opciones, desde el tamaño de la pelota, la gravedad, turbos ilimitados, etc…, para crear nuestras particulares partidas alejadas de lo estándar.

Con compañía, mejor

Como dejé claro al principio, Rocket League no es para jugarlo en solitario, a pesar de que tenga un modo liga con equipos manejados por IA, esta es tan frustrantemente desastrosa que se antoja una opción inviable. Hablamos de una inteligencia artificial que, en el caso de tus propios compañeros, pueden ser capaces de controlar un balón y atravesar el campo de extremo a extremo en línea recta con el único fin de marcar en propia portería. Esto es así, literalmente, y en repetidas ocasiones incluso en un mismo partido. Todo esto (y que la experiencia en general resulta mucho más sosa y monótona) hace que jugarlo solo contra la máquina no sea una opción.

En el plano técnico Rocket League hace un uso sorprendentemente bueno del Unreal Engine 3 incluso tratándose de un título indie que en principio no demanda demasiado a nivel gráfico. El empleo de las texturas es muy bueno y rico en detalles como el asfalto, o la recreación del césped del terreno de juego, efectos climáticos, iluminación en distintas condiciones (día, noche…)… Es bastante satisfactorio en el plano visual, y más aún en el de físicas, con una respuesta del balón por lo general acorde a nuestros toques y remates (aunque a veces la latencia de nuestras conexiones nos puede engañar a la vista), y donde los rebotes de este a la hora de impactar contra las paredes y el ángulo en el que lo hace es determinante en muchas jugadas. A nivel sonoro el juego también cumple con buenos efectos que añaden potencia y dinamismo en la acción de los partidos, y una banda sonora tecno, trance y dance que se limita por lo general al menú y que resulta agradable al oído en los intermedios transitorios entre encuentro y encuentro.

Rocket League ha triunfado como pocos juegos lo hacen, incluso si miramos fuera de la escena independiente y dirigimos las miradas a los triple A, el número de títulos multijugador que tienen hoy en día una relevancia equiparable se reduce a una lista de verdaderos elegidos entre los que se encuentra el título de Psyonix, y todo ello lo consigue gracias a emular la experiencia de su anterior juego, refinando sus bases y solidificando la propuesta para hacerlo imbatible a nivel jugable y a nivel multijugador. Es una pena que hayan descuidado todo el plano de juego individual, pero una vez aceptamos que el juego es para jugarlo con gente, y con amigos mejor, nos encontramos ante una fórmula directa, sencilla y exigente al mismo tiempo, rápida, repleta de acción y de risas si juegas con colegas, donde puedes convertirte en el héroe o el villano del encuentro con un simple toque, y todo esto resulta en una gratificante experiencia como pocos juegos pueden ofrecer.

nota 4.5

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