ANÁLISIS: THE TALOS PRINCIPLE

 

El desafío divino

La desarrolladora croata Croteam se ha hecho un nombre en el mundo del PC gracias a su saga Serious Sam, shooter en primera persona frenético e irreverente que encontró un hueco dentro del basto catálogo de FPS de la plataforma; pero para su último trabajo han decidido dar un giro de 180º, abandonando los tiros para apostarlo todo en un título de puzles que brilla por su inteligencia y por un inesperado trasfondo filosófico que planteará preguntas difíciles de responder y un juego mental que irá más allá de encajar una pieza en el hueco que tiene su forma.

Los jardines de Elohim

Despertaremos como un androide que se halla en los jardines de Elohim, un ente del que solo oiremos su poderosa voz viniendo de todas partes, cual Dios omnipresente y omnipotente. Este nos pedirá que resolvamos una serie de acertijos y pruebas y obtengamos unos objetos para poder alcanzar la vida eterna, siempre siguiendo sus indicaciones. A medida que vayamos resolviendo los rompecabezas, encontraremos mensajes de texto en archivos digitales, textos dejados por otros sujetos anteriores a nosotros, pistas de audio o incluso un ente con el que interactuaremos en forma de conversaciones. Todos estos documentos irán desgranando paulatinamente la trama y nos ayudará a descubrir que es realmente ese sitio donde nos encontramos, y qué ha pasado y por qué estamos ahí.

El título nos propone más de un centenar de puzles en laberínticos escenarios donde tendremos que jugar con una serie de objetos y obstáculos para avanzar y obtener así los “sigilos”, objetos que Elohim nos encomienda recoger. Los distintos aparatos que podremos usar, entre los que encontramos bloqueadores, refractantes, ventiladores o cubos entre otros (especialmente destacable el “duplicador”) serán herramientas que tendremos que dominar para sortear conjuntos de rompecabezas que se presentarán en forma de puertas que abrir con láseres, minas y ametralladoras que nos pueden destruir, bloqueadores que se interpondrán en el camino de nuestros láseres, y otros tantos obstáculos que irán ganado complejidad a medida que vayamos avanzando.

El juego puede verse demasiado esquemático en su vertiente de puzles, tanto en disposición como en desarrollo. Sin embargo estos puzles son algo más que la suma de sus partes, pues el trasfondo de The Talos Principle es mucho más rico que el de un simple juego en el que hay que pasar de puzle a puzle. Una pequeña muestra de esto son las “estrellas” que podremos conseguir y que en la mayoría de casos son más complejas de obtener y sin ningún tipo de ayuda o guía. Están “fuera del sistema” por así decirlo, lo que otorga un significado especial a ese mismo esquematismo que sufren los puzles principales, pero mucho más allá va cuando la naturaleza de estos se percibe más cercana a la de los laberintos que se emplean para ratas de laboratorio que en puzles orgánicos y en sintonía con su entorno. La artificialidad en contrapunto con la belleza natural de parajes rústicos, desérticos y ruinosos, es una extraordinaria jugada y decisión de diseño por parte de Croteam, en conjunción con toda la trama que iremos desmembrando poco a poco.

Tambaleando convicciones

The Talos Principle presenta una historia que se desarrolla de forma lenta, sobre todo en una primera instancia, y va ganando trasfondo y ritmo a medida que vamos progresando en el juego. Esta se deja ver en distintas capas, siendo algunas algo más esquemáticas (en consonancia con la naturaleza de los puzles), como los documentos que encontramos en las terminales al entrar en nuevas áreas, y otras como los mensajes en forma de código QR (no hará falta usar el móvil para leerlos) que nos relatarán testimonios no solo de otros seres que estuvieron ahí, sino incluso de otros jugadores, y que buscan rompen un poco los convencionalismos y dejarnos pistas (junto al resto de archivos de texto y audio) de qué es lo que está pasando en realidad. Esto será determinante para tomar en algún punto de nuestra aventura decisiones de crucial importancia, que nos llevarán a un final u otro. Además los numerosos textos están plagados de referencias y extractos teológicos y bíblicos, mezclando hechos míticos con eventos reales del mundo donde se desarrolla el juego, con paralelismos y conceptos que se centran en el eterno debate sobre la ética y la moral.

Pero por encima de todo me quedo con el juego mental que propone el título en las conversaciones que intercambiaremos a través de la terminal. The Talos Principle lleva su concepto de ética y moral a un nuevo nivel en el momento en el que nos ponen contra las cuerdas acerca de nuestras convicciones filosóficas, nuestras ideologías y nuestra “verdad” sobre la vida. El punto álgido termina llegando al elevar el concepto de “juego de puzles” más allá de los rompecabezas evidentes que vemos a lo largo del juego, y convirtiendo nuestras conversaciones en un intrincado y complejo rompecabezas en sí que al final hacen de nuestras propias decisiones el puzle definitivo.

Es ahí donde radica el mayor triunfo posible para The Talos Principle. Su idea de convertirlo todo en un gran puzle, incluso la progresión de un diálogo se torna un rompecabezas en si hasta el momento álgido en el que cuestionan esa aparentemente incuestionable lógica que parecen intentar meternos a la fuerza esos mismos puzles más convencionales y que iremos resolviendo a lo largo del juego. Esa idea de “siempre hay una respuesta correcta”, y tiempo después el juego lo destruye delante de ti, cuando te da la posibilidad de escoger una respuesta por propia voluntad, crea un océano de contradicciones y las aplica en términos punzantes como es la propia naturaleza del ser humano y la propia naturaleza individual de cada uno de nosotros, sus creencias y sus idealismos. Esto que consigue el juego es extraordinario, y lo hace como solo un videojuego puede hacerlo.

Belleza en la decadencia.

The Talos Principle goza de muchas virtudes, y entre ellas está un apartado audiovisual excelente. Visualmente el juego nos deleita con paisajes de gran belleza que nos sitúan en escenarios generalmente poblados de ruinas y monumentos representativos de épocas antiguas y distintas eras de la humanidad. Este, la historia de la humanidad, es también un elemento de gran importancia en The Talos Principle, y el escenario es un vehículo más para plasmarlo además con una belleza que en pocos juegos se llega a ver, con excelentes juegos de colores, iluminación y detallismo en texturas, interiores que recuerdan a santuarios y catedrales, e incluso instalaciones que se inclinan por la grisácea despersonalización de zonas mecanizadas e industrializadas.

La banda sonora no le va a la zaga al apartado visual, con un conjunto de piezas en las que destaca de forma omnipresente el piano como principal instrumento de melodía, y se agregan percusiones e incluso electrónica en composiciones de sosegado ritmo y fondo ambiental que ganan cuerpo gracias a puntuales y bien encajados coros que insuflan chorros de potencia en los temas más épicos y un aura de misticismo en los más atmosféricos. Todo ello en consonancia con buenos efectos de sonido en el desarrollo de los puzles y en las envolventes armonías que reciben la guinda de un doblaje al castellano que denota potencia y poder en la voz de Elohim, y en los fragmentos de audio que encontraremos donde otro personaje clave de la trama nos relatará partes importantes que The Talos Principle nos reserva.

Personalmente me siento maravillado con The Talos Principle. Uno de esos juegos que en su día cuando se anunció no esperaba nadie ni tampoco se esperaba su resultado final viniendo de la mano de una desarrolladora cuya saga más famosa es una patada al cerebro (en el sentido más entretenido de la expresión), y que aquí nos presentan una de las obras más cerebrales que ha dado el medio. The Talos Principle se siente un juego importante, necesario, y trascendental, que juega contigo mientras tú juegas con él, que entra de maravilla por los ojos y por el oído, pero que definitivamente se queda alojado en tu mente mientras la retuerce no solo por sus intrincados puzles, sino también por su planteamiento argumental, por su desarrollo, y por la sutilidad que hace gala en infinitos detalles que al final ganan sentido dentro de un todo conjuntado. Puede que lleve algo de tiempo iniciarlo y que te enganche, y puede que a diferencia de otros juegos de puzles no disfrute de una mecánica central única que presida el desarrollo (como los portales de Portal) y sí se conforme en resultar un compendio de mecánicas que se retroalimentan para formar nuevos rompecabezas; pero hazme caso, el corazón de este juego radica en algo que va más allá de la habilidad y vanagloriarnos en nuestra gran inteligencia. Al final el puzle definitivo que debemos afrontar es el que nosotros mismos creamos en nuestra cabeza.

nota 5

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